ropa ecológica

 

El documental del que hablo en el post 180º Sur me llevó a conocer la compañía Patagonia, y a leer uno de los libros que más me han inspirado en los últimos años: “Let my people go surfing”. Soy un gran fan de Patagonia, y su fundador, Yvon Chouinard, es el máximo ídolo. Dejarme que os cuente una historia que resume los valores de esta empresa:

En 1991 Patagonia había encargado un estudio de impacto ambiental sobre las cuatro fibras principales que usaban en sus productos. Ellos pensaban que materiales sintéticos derivados del petróleo serían los más perjudiciales. Para su sorpresa descubrieron que el peor de los tejidos que usaban era el algodón convencional; plantar y crecer algodón requiere el uso súper intensivo de productos químicos que envenenan la tierra, el aire y el agua. Descubrieron tasas más altas de cáncer y defectos al nacer tanto en seres humanos como en animales alrededor de los campos de algodón. Descubrieron que en estos campos la tierra queda inservible para el futuro y no hay vida de ningún tipo, y si la hay, tiene los días contados. Decidieron que no querían ser cómplices de aquello; el algodón convencional se había terminado para ellos. O lograban hacer la transición al algodón orgánico con éxito (un reto empresarial altísimo en aquellos tiempos) o adiós a su negocio, no habría vuelta atrás. Por suerte para todos nosotros Patagonia despertó y desarrolló la industria del algodón orgánico y ahora son muchas las empresas que siguen su ejemplo.

Cocacola, Nike, Procer&Gamle… esta gente es la que mueve los hilos y sus prácticas empresariales y sociales moldean la sociedad en la que vivimos. Sin embargo, nosotros como consumidores tenemos más poder del que nos creemos; hace 15 años ninguna empresa tenía ni idea de cuál era su “responsabilidad corporativa”, fue cuando sus clientes les empezaron a preguntar cosas como: ‘¿qué trato reciben los trabajadores de vuestras fábricas?’ o ‘¿cómo manejáis los residuos tóxicos que producís?’, cuando ellos empezaron a reaccionar y a implementar prácticas más responsables en sus sistemas de producción. Si Nike se entera que sus clientes quieren camisetas fucsias con plumas de águila real, Nike hará camisetas fucsias con plumas de águila real. Es por esto que nosotros, los consumidores, tenemos el poder. El dinero –nuestro dinero- mueve el mundo y decidir a quién se lo damos es tremendamente importante a la hora de producir cambios sociales. Es más importante que decidir a qué partido político apoyamos, el dinero es más influyente que ningún voto. Os invito a comprar productos de empresas responsables, o empresas que tengan unos valores similares a los vuestros. Pensar que pasaría si todo el mundo empezase a comprar ropa de algodón orgánico, o bombillas LED o cuadernos de papel reciclado… Bueno yo os lo digo, la industria de los pesticidas se llevaría un tortazo que pa’que,  ahorraríamos el 80% de la energía que se consume en la Tierra y pararíamos la destrucción, por ejemplo, del Amazonas. ¿No suena nada mal verdad? Para esto solo tenemos que decidir a quién le damos nuestro dinero, y eso está en nuestras manos – o en nuestros bolsillos.

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