Después de varios meses desde que arrancó el grupo de whatsapp de Lendi (grupo donde los vecinos pedimos prestado cualquier objeto que necesitamos a otras personas del barrio) y después de hablar con muchas personas, he aprendido alguna que otra cosa del pedir:

1. Las gente es buena. Queremos ayudar
2. Pedir prestado tiene su miga

 

Y es que algunas veces nos cuesta pedir. Pedir prestado un objeto, pedir ayuda, pedir un favor… ¿Por qué? No tengo la respuesta, pero si algunas hipótesis que pueden ir bien encaminadas. Y también este super video sobre el arte de pedir. 13 minutos. Buena inversión.

 

 

 

¿Somos individualistas?

Resulta que hace unos años, Kathleen Vohs hizo un estudio donde se incentivaba a la gente con dinero de manera subconsciente (con imágenes de dinero en el salva pantallas o cosas así). Se hicieron diferentes pruebas y actividades y los resultados fueron sorprendentes. Por ejemplo, cuando al entrevistador se le calló “sin querer” el lapicero con un montón de lápices, las personas incentivadas con dinero recogían menos lápices que las que no lo estaban. En otra ocasión se les dijo que tendrían una entrevista en breve y que preparasen dos sillas para la charla. Las personas incentivadas con dinero colocaban las sillas una media de 38 centímetros más alejadas entre si. Lo que este estudio descubrió, es que las personas incentivadas con dinero son más individualistas y tienen más reparo en depender de otros.

 

Pedir favores

Los favores. Este es otro tema. Para algunas personas puede que esté mal pedir un favor. Luego claro, tienes que devolverlo, y eso es algo que tienes ahí rondando la cabeza, como cuando debes dinero. Pues yo no creo que sea lo mismo. Los favores molan. No tienen intereses ni hay fecha límite de devolución. Imagina que yo te hago un favor. Primero, si accedo a hacerlo es porque lo hago a gusto, (a malas no se hacen favores, regla no escrita que todo el mundo sabe). Y además resulta que luego los dos nos sentimos bien; tú te sientes feliz y agradecido, y yo me siento incluso mejor porque la auténtica felicidad viene de ayudar a los demás. Ahora imagina que en el futuro yo te pido a ti un favor, apuesto a que estarás encantado de ayudarme. Y ojo, no porque me lo debas, sino porque la última vez los dos disfrutamos de la experiencia, la compañía y la ayuda. Y además, te sientes agradecido, sólo es natural que ahora te apetezca echarme una mano.

 

Pedir prestado

A la hora de pedir prestado objetos hay que tener en cuenta otra cosa. Antes de pedir algo, primero tenemos que tener en mente que podemos conseguir ese algo pidiéndolo prestado. ¿Qué quiero decir con esto? Que la mayoría de nosotros estamos programados para comprar. Tenemos una conexión directa en nuestra cabeza que dice: necesito –> compro. Parece que comprar es la única forma de acceder a las cosas. Pero tengo good news my friend. Ya no hace falta comprar para acceder a aquello que necesitamos. Hay abundancia a nuestro alrededor, solo hay que mirar al mundo con otros ojos. Si Lendi me ha enseñado algo es que la gente es buena. Los vecinos queremos ayudarnos. Yo ya he creado otra conexión en mi mente: necesito –> pido. Quien no me pueda prestar algo no lo hará, y quien lo hace es porque lo hace a gusto, porque le apetece y le hace sentir bien. Win-win.

 

 

Ayudándonos los unos a los otros generamos buenrollismo por todas las esquinas, construimos barrios más cooperativos y además consumimos menos! Entiendo que las marcas y las empresas nos quieran enchufar sus productos con calzador, pero tenemos que despertar, salir de esta rueda de consumo innecesario y mirar a nuestro alrededor con otros ojos. Con ojos colaborativos. ¡Y voila! Bienvenidos a un nuevo mundo de abundancia.

 

Un comentario en “¿Por qué mola pedir prestado?

  • Pablo

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