En ningún momento decidí que quería llevar un estilo de vida sostenible. Ha ido pasando sin darme cuenta. Mi camino hacia la sostenibilidad es eso, un camino.

De pequeño me gustaban los documentales. Lo confieso. Con 10 años me sentaba en el sofá de mi casa y me empapaba los documentales de La 2. Quería ser biólogo. No tenía ni idea de lo que era eso pero es lo que me dijo mi madre cuando le pregunté que qué había que ser para ser el hombre de los documentales. Me sentaba en el sofá, y me sumergía en ese mundo exótico que parecía que no era el mio. Por lo demás era un chico normal, creo. Vivía en una casa con campo a las afueras de Cartagena y teníamos un perro. Pero no crecí en ninguna granja, ni teníamos vacas ni caballos ni gallinas ni riachuelo, ni nada de eso. El contacto más intimo con la naturaleza que recuerdo es el árbol al que siempre me subía a llorar cuando mi hermano me zurraba y mi madre no impartía justicia. Y bucear. De pequeño me gustaba mucho bucear.

Os cuento esto porque el otro día me preguntaba mi amigo Vivek que de dónde venía esta idea mia de que proteger la naturaleza es el camino correcto. Y me hizo pensar. Creo que cada uno de nosotros somos la suma de nuestras experiencias pasadas y nuestros pensamientos. No fue ninguna vivencia en particular la que despertó esta idea, no me vino de golpe ni fue ninguna inspiración divina. Más bien ha sido la suma de pequeñas cosas que he ido cogiendo por el camino; experiencias, sitios, personas, ideas, libros… y estas experiencias mezcladas con una mente un poco inquieta y analítica me han ido llevando por este camino.

Aparte de tragarme documentales precozmente, no tenía ningún cariño especial por la naturaleza, la veía como en 2 dimensiones. Dibujos a mi alrededor más o menos bonitos sin mucha importancia. Y así pasaron los años hasta que llegué a la universidad. Ahí me empecé a interesar mucho por el Universo y conocerlo un poquito mejor me dio una perspectiva humilde de la Tierra y lo que somos, que viene a ser nada. No somos nada. Absolutamente nada de nada en comparación con lo que hay ahí fuera. Se estima que hay 100 mil millones de estrellas en la Vía Láctea… y millones y millones de galaxias… ni siquiera sé lo que significa eso. Algunos planetas de los que conocemos son gases tóxicos, o están congelados, o son prácticamente bolas de fuego… y de repente está la Tierra; un paraíso verde y azul lleno de vida por todas partes. Como digo, este interés por el universo me dio una perspectiva de humildad y agradecimiento respecto al resto del Universo. No solo esto pero también me dio una sensación de conectividad al comprender que los átomos que forman la Tierra, todo lo que nos rodea y nosotros mismos, son los mismos átomos que forman el resto del Universo. Todos y todo estamos conectados, hechos de lo mismo. Esta idea tan sencilla se volvería muy poderosa más adelante, cuando empiezo a salir ahí fuera a disfrutar de la naturaleza.

Por esa época estaba viviendo en USA, New England, y me aficioné mucho a subir montañas. Es un ejercicio buenísimo, y luego llegas allí arriba y no sólo te sientes satisfecho por el esfuerzo que has hecho sino que como recompensa tienes unas vistas maravillosas.

Camino hacia la sostenibilidad
Camino hacia la sostenibilidad
Camino hacia la sostenibilidad
Camino hacia la sostenibilidad

Poco a poco, sin comerlo ni beberlo, me sentía más en sintonía con lo que me rodeaba, estaba empezando a conectar y sin saber por qué ni pararme mucho a analizarlo notaba que en mi día a día me sentía muy bien, muy tranquilo y a gusto, con una energía muy neutral y equilibrada. Más tarde entendería que esa sensación de equilibrio psíquico esta dentro de todos nosotros, no es más que la ley de equilibrio que gobierna la naturaleza. Y cuando más interactúas con esta, más presente se vuelve en nosotros. Me sentaba allí y me metía en el ritmo de lo que me rodeaba; pájaros piando, el viento soplando entre las hojas, el agua corriendo río abajo, aire fresco y olor a campo. Los tiempos ahí fuera son completamente distintos. La naturaleza no tiene prisa y fue cuando empecé a sintonizarme con su ritmo cuando empecé a disfrutarla. Recuerdo una vez que salí a andar por un camino cerca de mi casa, en Northampton. Había llovido por la mañana pero ya estaban empezando a colarse los primeros rayos de sol y el ambiente era fresco y limpio. El camino va siguiendo el cauce de un río más bien estrecho. Es un camino frondoso, y aunque es ancho y espacioso estas rodeado de árboles y entra poca luz. Me senté en un tronco que sobresalía un metro y medio sobre el río, pies colgando sobre el agua, y allí me quede unos 20 minutos. Mimetizado una vez más con el ambiente. Aire fresco, olor a pino. El sonido del rio haciendo su camino entre las rocas, algún pájaro revoloteando por ahí… En medio de esa tranquilidad y de repente, con la mayor naturalidad del mundo, veo como una garza de más de un metro y medio de ancho pasa volando lenta y majestuosamente a ras del agua rio abajo, justo en frente de mi, a escasos 3 metros. Con cada batida de alas avanzaba unos 3 o 4 metros. Era tremendamente elegante. Pasan 10 segundos y de la nada se lanza un halcón en picado hacia el agua, veo perfectamente como abre las garras y extiende sus alas en el último momento para frenarse. Mete medio cuerpo en el agua y sale con un pez de un palmo entre las patas. De nuevo el silencio. Vuelve el sonido del rio, el aire en las hojas. Todo había pasado muy rápido pero a mis ojos había sido como a cámara lenta. Era como estar dentro de los documentales que veía de pequeño.

 

Empiezo a leer a Thureau, Emerson. Tomo aún más consciencia de que somos naturaleza. Biológicamente venimos del mismo sitio de donde vienen los arboles, los animales, los ríos… somos parte de un todo. A parte de estar empezando a conectar y a enamorarme de la naturaleza también empiezo a pensar en cosas obvias y a preguntarme cosas que antes no se me pasaban por la cabeza. Como el sencillo hecho de que todos los objetos que tenemos vienen de la naturaleza; la silla donde estoy sentado, el ordenador que estoy usando para escribir esto, la taza de café que estoy bebiendo, la cama donde duermo, la camiseta que llevo puesta… Entonces, si todo lo que usamos viene de lo que nos da la Tierra, y cada vez usamos más y Tierra solo hay una, ¿no tendría sentido manejar los recursos limitados de una forma eficiente y duradera? Ya no solo es un tema moral, es un tema de sentido común, de necesidad. Mientras sigo mi romance particular con la naturaleza y cuestionando ciertas cosas voy encontrándome con noticias, eventos, vídeos, consecuencias. Voy despertando y se me cae el velo que la sociedad de consumo nos ha puesto sobre los ojos. Empiezo a ver los resultados de mis acciones. Me doy cuenta de que soy cómplice. 

 

 
 

Al final creo que todo se reduce a dos cosas. La gente sólo protege aquello que quiere, y si no volvemos a nuestras raíces biológicas, si no interactuamos con aquello de lo que somos parte, no podemos sentirnos identificados ni quererlo, y por tanto tampoco protegerlo. También tengo el convencimiento que la mayoría del daño que hacemos es inintencionado. No sabemos de dónde salen los productos que compramos, ni la destrucción de activos naturales que se llevan a cabo para su producción, si lo viésemos de primera mano quizás otro gallo cantaría. Pero aun así soy optimista. El movimiento conservacionista esta creciendo a pasos de gigante. Ahora internet nos enseña más fácilmente qué estamos haciendo con el plantea, podemos VER los resultados de nuestro estilo de vida. ¿Nunca os ha pasado que un amigo se compra un coche que no habíais visto en la vida y de repente ahora lo veis por todas partes? Una vez aparece en la mente, aparece en el exterior. Os invito a que despertéis este tema en vuestra mente y empecéis a ver realmente cuántos coches como el de vuestro amigo hay en realidad ahí fuera. Cuales son las repercusiones de nuestro estilo de vida. Ser conscientes de qué somos cómplices. Acercaos a la naturaleza, disfrutarla. Haceos las preguntas adecuadas y dejar que el sentido común haga el resto. 

Y termino diciendo que mi camino hacia la sostenibilidad me está llevando a ver soluciones. La tenemos nosotros. 

 
 

6 comentario en “Mi camino hacia la sostenibilidad

  • Anonymous

    Que cierto todo y que poco caso hacemos a la Naturaleza.

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    • Javier Velasco

      Las ciudades no nos dejan verla. Me alegro que te haya gustado 🙂 Gracias por escribir!

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  • audacia

    poco a poco voy leyendo este blog hoy me pasé por aquí..
    generalmente no me gustan los escritos largos.. hay muchos.. pero este me encanta.. se vive.. lo escribes todo seguido verdad?
    ” una vez aparece en la mente aparece en el exterior”
    tu positividad para el futuro anima.. a ver si en 1 o 2 generaciones alucinan con lo mal que lo hacíamos

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  • Disfrutando

    Hola,
    Gran trabajo, transmites bien tus sentimientos y forma de pensar, con convicción. La tranquilidad de la naturaleza ayuda a expresarse de esta manera, desde el interior, con la honestidad y franqueza que solo el espíritu en ese estado de calma permite que fluyan las palabras más sinceras.
    Solamente una pequeña sugerencia,si quieres atrapar al lector y hacerle partícipe de una lectura profunda, cuida la ortografía, por muy buena que sea una historia, si un lector medio se encuentra “rallos” de sol, “a” puesto o “a” pasado, esa historia pierde parte de su encanto porque la mente no se centra en la reflexión que pretendes transmitir, sino que se ve desviada por el atropello lingüístico con el que acaba de tropezarse.
    Por lo demás, un placer leerte, si lo sigues haciendo tendrás desde la distancia un seguidor exigente y entusiasta.
    Un abrazo.

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    • Javier Velasco

      Hola!
      Muchas gracias por tu comentario y más aún por la sugerencia! Sin duda lo tendré en cuenta, desde luego que no queremos “atropellos lingüisticos” :))
      Un abrazo.

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  • Kique Ruiz

    Una entrada muy densa pero bien escrita y muy interesante.

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