Mi amigo Pepe
“Los amigos son la familia que uno escoge”

El otro día estaba hablando con mi amigo Pepe. Le llamamos Doctor. Nadie sabe por qué, pero el caso es que le pega. Con 16 años estuvo en una academia militar en USA. Allí les obligaban a mantener un orden obsesivo. Las camisas del uniforme, una vez dobladas, se las medían para comprobar que cumplían con los estándares. Al volver no sólo no mantuvo ese orden, sino que lo mandó a donde todos sabemos. Lo único que consiguieron fue despertar aun más su espíritu rebelde. Y no hablo de rebeldía estúpida de adolescente, sino de rebeldía respecto a los estándares sociales, a la norma por ser la norma. Le da igual todo lo que no sea ser él mismo. Pepe es Pepe. Doctor. Auténtico. Resulta que lleva varios años en Bruselas, y charlando con él me soltó así tres frases muy melancólicas, casi poéticas. Le dije “Pepe, escríbelo tío, te desahogas y si te queda guapo lo metemos en Letras para la Tierra.” Tan impulsivo como siempre, no lo dudó un segundo. A los 20 minutos tenía este email en mi buzón:

“Llevo 4 años en Bruselas y 5 fuera de España. Cuando llegué tenía muchos pájaros en la cabeza y poca o ninguna idea de qué hacer con mi vida. Aquí he aprendido una profesión, he conocido a mucha gente y he encontrado la estabilidad laboral en un sector que me llena. Pero estoy melancólico. A veces me sorprendo mirando por la ventana de mi oficina imaginando que en lugar de una calle apagada y húmeda estoy viendo directamente el tráfico y las olas de gente bajo el anuncio de Schweppes de Gran Vía. ¿Por qué? Porque mis amigos están organizando una comida-reunión para el último finde de octubre en Madrid, porque cada vez que bajo siento que por fin estoy en mi casa y también porque el finde pasado estuve por allí y mi personalidad enamoradiza me está torturando aquí en la gris Bruselas.

Y así, mirando por mi ventana, quiero tirarme al suelo en Sol y observar a toda la gente disfrazada que hay por allí; quiero acercarme a una chica en el metro entre Ciudad Universitaria y Metropolitano y sacar todo el ingenio por ver si la hago sonreír; quiero meterme en el Penta a escuchar a Antonio Vega y acabar borracho hablando sobre cine con alguien a quien no he visto antes en mi vida; quiero enamorarme hasta las trancas y pasear por el Templo de Debod y que me de igual si llueve o hace un solazo; quiero irme solo al cine en la Plaza de los Cubos y descojonarme por dentro cuando oigo a los posmodernos decir chorradas en la cola; quiero pararme en mitad de la Castellana y gritar de alegría mirando a las torres KIO porque le he arrancado un beso a esa chica; quiero irme a tomar una caña por San Francisco de Sales y cenar de tapas y liarme y acabar yendo de empalme al curro; quiero tirarme a leer en el Retiro y ver a los enamorados remar. En definitiva quiero, medio parafraseando a Sabina, bajarme en Barajas, quedarme en Madrid.

Así que me he dejado de mirar por la ventana y me he puesto a mover el CV, porque ahora sé que tengo que volver. Y es que lo principal que me han enseñado estos 5 años fuera de Madrid es cuánto la quiero.
Y desde que lo tengo claro duermo mejor. Miro menos por mi ventana.”

 

Un abrazo enrome amigo!

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