Reducir Reusar Reciclar. Esta es la regla de las 3 erres. Una vez más, este post viene inspirado por Patagonia. Esa compañía que se empeñó en romper las reglas del juego de las empresas tradicionales y que sigue inspirando y ofreciendo luz a un mundo que de vez en cuando vemos algo oscuro.

 

En parte no es nuestra culpa. Con poco que nos dejemos llevar por el día a día nos vemos metidos en un río que nos empuja corriente abajo, y del que es muy difícil salir. La corriente a la que me refiero es la del consumo. Es perfectamente normal comprar cosas que luego no usamos ni 3 veces. Ponernos una pieza de ropa 2 veces y dejarla olvidada en el fondo del armario. Comprar cosas de mala calidad que se rompen y volver a por más. Es normal usar y tirar, usar y tirar. Es normal pero no es bueno. Estamos llevando al límite nuestro futuro en la Tierra y la calidad de vida de las próximas generaciones. Creo que tenemos que ser muy críticos con el por qué de las cosas, cuestionarnos todo. Si no lo hacemos, nos encontraremos flotando corriente abajo. Si lo hacemos, si nos cuestionamos las cosas, estaremos haciendo el esfuerzo para salir de la corriente y meternos en el afluente que sale perpendicular al río, donde la corriente es menor. Allí uno puede pararse, ponerse de pie y mirar las cosas con perspectiva. El por qué hacemos esto -lo de usar y tirar, digo- es muy sencillo: da beneficios a las empresas, que a su vez son las que invierten en el marketing que nos “educa” y moldea la sociedad. Por eso digo que no es culpa nuestra, o no del todo. Me gusta pensar que la mayor parte del daño que hacemos al planeta (y por ende a nosotros mismos) es inintencionado.

 

Una de las consecuencias de esta “educación” es que hemos perdido el cariño por los objetos que tenemos. ¿Quién no ha sentido ese amor platónico por su primera raqueta de tenis, sus primeras botas de fútbol, o sus primeros palos de golf? Hace unos días me decía un amigo que su suegro le había prestado unos palos de golf que tenía antiguos y que la única condición para dejárselos era que los tenía que cuidar mejor que a su hija. No se en qué porcentaje bromeaba, pero el punto está claro. Al final las cosas que conservamos mucho tiempo han vivido tantas aventuras como nosotros mismos; alegrías, desilusiones, victorias, derrotas, experiencias. Cuentan una parte de nuestra historia y casi sin darnos cuenta les hemos cogido un cariño especial. Tristemente este sentimiento se está perdiendo. La cultura de usar y tirar que nos han impuesto se lo ha llevado. Y si no preguntarle al gran Buddy, que luchó contra carros y carretas.

La regla de las 3 erres

Necesitamos empezar a vivir bajo la regla de las 3 erres: reducir, reusar, reciclar. Si a un pantalón se le rompe un botón o una costura, no hace falta comprarse otro nuevo, sólo hay que arreglarlo. En el caso particular de la ropa de calle -que es uno de los ejemplos más claros- creo que hay que comprar ropa de buena calidad, repararla si se rompe, reusarla para otra cosa cuando ya no cumpla con su función -en este caso vestirnos bien- y finalmente reciclarla. Y así con todo. Pero en términos generales, creo que tenemos que hacer el esfuerzo de salir de la corriente, levantarnos, alzar la mirada y cuestionarnos el mundo. Te reto a que te salgas del río y levantes la mirada. Cuestiónate el por qué de las cosas, e intenta actuar acorde a tus valores como persona. Y oye, si lo has hecho y crees que el modelo de usar y tirar es el que más se ajusta a tus valores, perfecto. Pero si crees que el mundo sería mejor si reducimos reusamos/reparamos y reciclamos, adelante, yo te acompaño!

 

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